La sacralidad de la medicina

Reflexión a partir de una lección de Massimo Citro della Riva en nuestro Máster de Medicina Integrada. Publicación original: diciembre de 2022.

En la antigua Grecia, la medicina se ejercía en los Asclepeia, lugares que reunían tres funciones: hospital, templo y escuela de medicina. Por su carácter sagrado, estos lugares gozaban —según el relato evocado en el artículo original— de una forma de extraterritorialidad comparable, en cierto sentido, a la de una embajada moderna. El poder no debía ejercer control ni influencia dentro de aquellos espacios consagrados a la curación.

El texto recuerda un episodio atribuido al tiempo de Darío I: durante la conquista de Pérgamo, los médicos-sacerdotes del Asclepeion habrían impedido la entrada de los guerreros, que se habrían retirado por respeto a la sacralidad del lugar. Se trata de una evocación histórica del artículo de origen, no de un hecho aquí comprobado de manera independiente.

Será difícil para el arte médico recuperar esa autonomía e independencia que el autor relaciona con el juramento de la escuela hipocrática, tantas veces citado y tan pocas veces conocido.

El médico tiene el deber de respetar las normas deontológicas que regulan el ejercicio de la medicina y las normas jurídicas, siempre que estas no entren en conflicto con los fines de la profesión. En este sentido, el artículo original reproduce los siguientes compromisos profesionales:

Juro ejercer la medicina con libertad e independencia de juicio y de conducta; perseguir como únicos fines la defensa de la vida, la protección de la salud física y psíquica del ser humano y el alivio del sufrimiento, inspirando en ellos, con responsabilidad y compromiso científico, cultural y social constantes, todos mis actos profesionales; no realizar nunca actos destinados a provocar deliberadamente la muerte de un paciente; atenerme en mi actividad a los principios éticos de la solidaridad humana, sin emplear jamás mis conocimientos contra ellos, en el respeto de la vida y de la persona; ejercer mi labor con diligencia, competencia y prudencia, conforme a la ciencia y a la conciencia, observando las normas deontológicas y las normas jurídicas que no se opongan a los fines de mi profesión; respetar y facilitar en todo caso el derecho del paciente a elegir libremente a su médico, teniendo presente que la relación entre ambos se fundamenta en la confianza y en el respeto recíproco; y abstenerme del encarnizamiento diagnóstico y terapéutico.

Un deseo para todos los médicos: recuperar los valores fundamentales de nuestra profesión.

Fuente: «Sacralità della medicina», artículo original en italiano. Traducción al español del texto preexistente. Las referencias históricas y la formulación del juramento se conservan como parte de la reflexión del autor; no constituyen una verificación historiográfica ni una recomendación clínica.

Otras lenguas: 中文译文 — 医学的神圣性.