Ensayo de Massimo Fioranelli · Traducción de un texto italiano publicado en 2022
Antropoceno: agricultura, civilización y sostenibilidad
Hoy vivimos una nueva época histórica: el Antropoceno, que puede definirse como la era del planeta Tierra en la que una sola especie (Homo sapiens sapiens) ha adquirido un predominio absoluto y ha transformado la ecosfera de un modo tan rápido y radical que ha puesto en peligro su propia existencia. En el desarrollo de la humanidad hay un acontecimiento crucial, una auténtica ruptura, un antes y un después: la aparición de la agricultura durante el Neolítico.
El conocido antropólogo Jared Diamond afirmó que la agricultura representó «el peor error de la historia de la especie humana» y la Revolución Industrial, «el segundo».
Según Francesco Saba Sardi, en su ensayo Dominio, el nacimiento de la agricultura habría convertido la posesión de la tierra en una cuestión crucial y provocado una revolución antropológica. En esta época histórica habría nacido la guerra, como sugerirían los hallazgos de enterramientos colectivos en los que, por primera vez, aparecen grupos de esqueletos con fracturas craneales.
Caín y Abel: el primero, trabajador de la tierra; el segundo, pastor de rebaños. Son símbolos, una manera de decir que el sedentarismo de la agricultura puso fin a la libertad inicial del nomadismo y al carácter errante del pastoreo, y marcó el inicio de la civilización actual y, por tanto, de la religión como instrumento práctico para ejercer el poder y organizar jerárquicamente las comunidades de los primeros poblados.
El proceso del desarrollo humano, cuyo impacto en los planos ecológico, biológico, evolutivo e incluso sanitario es indiscutible, no puede detenerse sin el riesgo de una nueva ingeniería social que ponga en peligro derechos y libertades no negociables.
Para hacer frente a los riesgos relacionados con la rapidísima transformación ambiental y climática causada por el ser humano en unas pocas décadas —y a las posibles consecuencias para unos equilibrios biológicos delicados y complejos, formados a lo largo de miles de millones de años, de los que el propio ser humano forma parte y de los que depende su salud—, debemos abandonar la visión pesimista de la naturaleza, de inspiración darwiniana, entendida como una fuerza primitiva que hay que someter y conquistar.
Es necesario formular un nuevo proyecto de desarrollo. Un desarrollo sostenible, basado en una nueva visión de la naturaleza, digna de ser conocida, imitada y respetada. Si no respetamos la naturaleza, la extinción está asegurada; así nos lo sugeriría también la arqueoastronomía a través del estudio de la desaparición de civilizaciones avanzadas del pasado.
Texto original: ANTROPOCENE (italiano). Las interpretaciones históricas y filosóficas se presentan como tesis del ensayo, no como consensos científicos.


