De la neurocardiología a la conciencia: el diálogo oculto que influye en las emociones, la salud y la percepción de nosotros mismos.
Prof. Massimo Fioranelli — Más allá de la medicina
Durante siglos hemos atribuido al cerebro el monopolio del pensamiento, las emociones y la conciencia, relegando el corazón al papel de una extraordinaria, aunque esencialmente pasiva, bomba muscular. Sin embargo, el corazón nunca ha sido solamente eso. Cualquiera que haya sentido miedo, amor o angustia conoce la participación del latido cardíaco en su propia experiencia. Hoy sabemos que el corazón no se limita a recibir información del cerebro: le envía continuamente señales que contribuyen a la regulación de la actividad cerebral y a la construcción de la experiencia corporal.¹
El pequeño sistema nervioso del corazón
El corazón posee un sistema nervioso intrínseco, constituido por redes neuronales organizadas principalmente en ganglios epicárdicos. Comprende neuronas sensitivas, interneuronas y neuronas eferentes, capaces de procesar información local y modular las respuestas cardiovasculares. No estamos ante un segundo cerebro en el sentido habitual: no existen pruebas de que el corazón elabore pensamientos o experiencias conscientes independientes. Sin embargo, esta red presenta capacidades de integración, adaptación y plasticidad, y participa en la regulación de la actividad eléctrica y mecánica del corazón.²
El cerebro escucha continuamente al corazón
El sistema nervioso autónomo representa una de las principales vías de comunicación entre el corazón y el cerebro. A través de sus componentes simpático y parasimpático, el cerebro modula la función cardiovascular. Pero también existe el recorrido inverso: las señales procedentes de los receptores cardiovasculares llegan al tronco encefálico e influyen en circuitos que incluyen la ínsula, la corteza cingulada y las redes prefrontales. La percepción de las señales internas del organismo recibe el nombre de interocepción.³ El cerebro interpreta el mundo también a través de lo que ocurre dentro del cuerpo.
La variabilidad cardíaca: una ventana a la regulación neurovegetativa
La variabilidad de la frecuencia cardíaca, o HRV (Heart Rate Variability), describe las oscilaciones de los intervalos entre latidos consecutivos. Algunos de sus componentes reflejan la modulación vagal y se han estudiado en relación con la flexibilidad de los sistemas de regulación fisiológica, emocional y cognitiva. El modelo de integración neurovisceral propone que los circuitos implicados en el control cardiovascular participan también en la regulación de las emociones y de las funciones ejecutivas.⁴ Esto no significa que un valor elevado de HRV indique automáticamente una mejor salud mental: la edad, la respiración, los medicamentos y las condiciones clínicas influyen en su interpretación.
Las emociones no habitan en un solo órgano
La tradición cultural ha contrapuesto el corazón a la razón. Las neurociencias sugieren una representación distinta: las emociones surgen de la interacción entre procesos cerebrales, señales corporales, memoria, experiencia y entorno. Antonio Damasio ha subrayado la relación entre la representación de los estados corporales y la construcción de los sentimientos.⁵ El cuerpo no es solo el lugar donde se manifiestan las emociones: también es una fuente de información mediante la cual el cerebro contribuye a construirlas. No es correcto afirmar que el corazón sea la sede de las emociones; sí está fundamentado reconocer que las señales cardiovasculares participan en los procesos de regulación y representación del estado del organismo.
Del latido cardíaco a la conciencia
¿Qué significa sentirse presente ante uno mismo? Las investigaciones sobre la interocepción muestran que las señales viscerales pueden modular la actividad cerebral asociada a la percepción, las emociones y la representación del yo corporal.⁶ Es un campo todavía abierto: no podemos sostener que el corazón genere la conciencia. Podemos, sin embargo, reconocer que la conciencia corporal implica los procesos por los cuales el cerebro recibe e interpreta información del organismo. Para comprender la experiencia consciente, quizá no baste estudiar el cerebro como una estructura aislada.
Hacia una medicina que reúna lo que ha separado
La especialización ha permitido avances extraordinarios en medicina, pero a veces corre el riesgo de fragmentar lo que en la realidad biológica permanece integrado. Las interacciones bidireccionales entre corazón y cerebro adquieren una importancia creciente en la fisiología y en la patología.⁷ Las enfermedades cardiovasculares pueden influir en la salud neurológica; las afecciones neurológicas y las alteraciones autonómicas pueden repercutir en el corazón. Esto no significa renunciar a la medicina basada en la evidencia, sino ampliar la observación clínica. Tratar un órgano es necesario. Comprender a la persona en la que ese órgano vive es igualmente importante.
El cerebro en el corazón: una perspectiva diferente
De estas reflexiones nace también el camino desarrollado en mi libro Il cervello nel cuore. El título no pretende sugerir que el corazón posea una mente autónoma, sino llamar la atención sobre su compleja organización nerviosa y el diálogo continuo que mantiene con el cerebro. En el volumen, el recorrido científico se convierte en una oportunidad para reflexionar sobre la relación entre cuerpo, emociones, salud y conciencia. Quizá la pregunta más interesante no sea si el corazón piensa, sino comprender cuánto de nuestra manera de pensar, sentir y existir depende del diálogo silencioso que mantiene con el cerebro. El ser humano no es un cerebro que posee un cuerpo, sino un organismo vivo que construye su propia experiencia mediante la integración de ambos.
Para profundizar: Il cervello nel cuore
El libro de Massimo Fioranelli dedicado al diálogo entre el corazón, el cerebro, las emociones y la conciencia.
Bibliografía
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- Giannino G, Braia V, Brookles CG, et al. The intrinsic cardiac nervous system: from pathophysiology to therapeutic implications. Biology (Basel). 2024;13(2):105. doi:10.3390/biology13020105.
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- Thayer JF, Lane RD. Claude Bernard and the heart–brain connection: further elaboration of a model of neurovisceral integration. Neurosci Biobehav Rev. 2009;33(2):81–88. doi:10.1016/j.neubiorev.2008.08.004.
- Damasio A, Carvalho GB. The nature of feelings: evolutionary and neurobiological origins. Nat Rev Neurosci. 2013;14:143–152. doi:10.1038/nrn3403.
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Versión en español del artículo original: «Cuore e cervello: connessioni inattese».